Bitácora

Documentos modificados

¿Cómo se exhiben los documentos?, ¿para qué se exhiben?

Vista de la exposición Part 1: Chaz: A Conversation On West Coast Graffiti & Handstyles.

En la exposición Part 1: Chaz: A Conversation On West Coast Graffiti & Handstyles, organizada por Philomena Lopez y Oscar Magallanes en University of California San Diego, se exhiben documentos y obra de artistas contemporáneos que dialogan con el trabajo de Charles “Chaz” Bojorquez.

Los documentos son fotografías que registran intervenciones urbanas de Bojorquez, tomadas de una publicación de 1975. La presentación de las imágenes es a través de ampliaciones sin enmarcado, sujetas a muro.

El agrandado y disposición de los documentos aumenta su visibilidad pero mantiene la distancia entre objeto y público –no podemos manipular las impresiones– típica de los dispositivos expositivos, que suelen ser vitrinas o capelos. Sin embargo, llama la atención la decisión de reproducirlos y modificarlos en lugar de exhibir el libro, por ejemplo. El documento mantiene su fetichización a pesar de las modificaciones de su materia “original” –en este caso el libro–.

Pienso en la estrategia de reproducción múltiple, como cuando la imagen de un documento es utilizada para producir postales o materiales de consulta en las exposiciones, rápidamente se convierten en souvenires.

Migrar el testimonio a diferentes formatos y modos de lectura puede ser una opción para trascender la matriz del documento-fetiche.

La potencia de la nostalgia o la nostalgia de la potencia

Participantes de izquierda a derecha: Marcos Ramírez ERRE, Hugo Lugo, Melisa Arreola, Ingrid Hernández y Daril Fortis. Imagen de Eduardo Lozano Murillo.

Ayer miércoles 20 de noviembre estuvimos charlando Melisa Arreola, Ingrid Hernández, Hugo Lugo, Marcos Ramírez ERRE y Eduardo Lozano Murillo, con un público de amigos que pronto tomaron la palabra, haciendo que la plática fuera expansiva. Nos convocó el tema de los espacios alternativos/independientes/autónomos dedicados al arte en Tijuana, activos en las últimas dos décadas. La memoria se activó con las imágenes que presentaron los participantes. Muchos se vieron reflejados en el espejo del pasado, con looks caducos, con la juventud extraviada; otros nos asombramos de aquellas personas legitimadas por el tiempo, en algarabía e improvisación palpables. Lo que sucedió es que la memoria de algunos se convirtió en la de todos. Aún cuando algunos de nosotros no presenciamos los hechos narrados, nos era posible identificarnos con las formas que los inicios adoptan. Esta euforia que se tradujo en carcajadas, reflexiones y propuestas, trajo consigo la nostalgia. Marcos comentó sobre la necesidad de trascender la nostalgia, como un peligro de quedar atrapados en los recuerdos, a lo que yo comenté que la nostalgia tiene cierta potencia, solo habría que saber usarla. Ahora no estoy tan seguro de ello. Hace algunos meses se presentó en el Museo de Historia de Tijuana, una exposición[i] que reunía obras de arte, libros, memorabilia y documentos de la escena creativa tijuanense en los años noventa y dosmil. La exhibición presentaba varios problemas en cuanto a la articulación discursiva, tanto conceptual como espacial, lo que la dejaba atrapada en la nostalgia. Entonces, pensé que esa nostalgia contenía cierta potencia crítica que se había desperdiciado. Todos esos objetos, documentos y obras, guardaban la potencia para discurrir críticamente sobre el pasado, pero no sucedió. Una de mis sospechas en cuanto a la falla de la muestra, era que el investigador formó parte de los hechos que se presentaron, pero después supe que esa no podía ser la razón. La realidad era que existieron deficiencias profesionales para lograr lo que se propuso. Por ello, decía el día de ayer, la nostalgia guarda cierta potencia. Pero en la auto-examinación me encuentro desprovisto de nostalgia sobre el pasado que me interesa. Ni los dosmil, mucho menos los años noventa, forman parte de mi memoria en el ámbito profesional. Me pregunto por las motivaciones y capacidades reales de mi investigación, quedo con mi sola curiosidad. Tal vez deficiencia de la historia del gremio al que pertenezco, quizá una nostalgia fantasma  –la ausencia de la ausencia– es la que me alienta a mirar el pasado extraño –y extrañado–, para preguntarle por otros como yo, por otros que construyeron el suelo donde trabajo. También, existe la fascinación por lo desconocido, por aquellos hallazgos imaginarios con los que me he encuentrado al leer, observar una imagen o escuchar un testimonio. Parece ser que mi nostalgia es provocada, no por la ausencia del pasado, sino por la falta de futuro, por la incertidumbre diaria del presente, por la incapacidad real de saber si lo que hacemos cada día es importante en algún sentido.

[i] Border Pop. Arte/gráfica, memorabilia y archivo en Tijuana (1996-2010), organizada por Julio Álvarez Ponce, en marzo 2019.

Evaporar los documentos

El 15 de octubre impartí la segunda sesión del taller Evaporar los documentos, como parte del programa Mediador Red del Museo Tamayo Arte Contemporáneo, en la Ciudad de México. La idea detrás del título responde a la noción de documento como la condensación de una red de afectos, proponiendo así que la operación contraria fuese su evaporación, es decir, el desdoblamiento que la investigación extradocumental posibilita. Con extradocumental me refiero a no reportar lo que el documento registra, sino escudriñar en aquello que no dice: ¿cómo fue elaborado?, ¿cuál fue su trayectoria?, ¿qué cuerpos estuvieron implicados en su creación y resguardo?, ¿cómo ingresó al archivo?

Podemos rastrear datos extradocumentales, encontrar afectos no descritos, escuchar testimonios detonados por una imagen o un título, pero ¿cómo socializamos esta información sin producir más documentos? ¿Cómo producimos memoria en lugar de historia?

El documento es una extensión tecnológica del cuerpo, es la transducción preservable de los afectos, la cristalización de la memoria.

Después de visitar algunas exposiciones que utilizan los documentos como forma de soporte de acciones realizadas en el pasado, me pregunto si evaporar los documentos tendría que implicar su destrucción. Detener el olvido constriñe la memoria, aleja la dimensión corporal de la narrativa.

Detener el olvido mediante la fabriación de documentos, ya sea la elaboración cotidiana o la creación intencionada para la socialización del pasado, agrega distancia entre los cuerpos. La interlocución se ralentiza y nuestra percepción se cansa. Este cansancio lo pienso sobre todo en la sala del museo o la galería, donde por lo general el cuerpo queda en segundo plano, como si los visitantes fuésemos ojos flotantes. Pienso también en nuestra incapacidad física de ver doce horas de video de registro en un espacio museístico, reflexiono sobre el cansancio o sobre la adecuación con oscuridad y cojines, pienso en la incapacidad de esperar.

¿Qué hacer con la información, las anécdotas, las imaginaciones que esta investigación ha traído? Hacer documentos parece acabar con todo.

Cumpliendo la encomienda de Josefina

21 de agosto, 2019

Hoy finalmente doné el libro Arte-Acción y Performance en los muchos Méxicos, coordinado por Josefina Alcázar, quien en nuestra reunión en la Ciudad de México me encomendó colocar un ejemplar en una biblioteca pública en Tijuana.

La donación se realizó a la biblioteca de la Universidad Autónoma de Baja California campus Tijuana. Como estudiante de la facultad de Artes de esa universidad, recuerdo husmear los estantes de la biblioteca y encontrar algunos libros enfocados en el teatro pero ninguno en performance. Espero que este ejemplar encuentre ojos ávidos, interesados en la práctica del arte corporal.

Estancia en Arkheia

20 de junio, 2019

Flyer del performance Todavía no de Laura Fitch, presentado el 30 de mayo de 1998, como muestra final del taller El arte de la performa, impartido por Felipe Ehrenberg en la Casa de la Cultura de Tijuana, evento coordinado por el Centro de Humanidades de Baja California.

El 07 de junio finalicé mi estancia de investigación en el Centro de Documentación Arkheia en la Ciudad de México. Ubicado en las instalaciones del Museo Universitario Arte Contemporáneo-MUAC en la UNAM, Arkheia resguarda, entre muchos otros, el fondo de Felipe Ehrenberg. Mi interés por consultar el fondo del neólogo, se sostenía en las referencias de varios performers entrevistados en la primera fase de la investigación. La estancia resultó fructífera, pues localicé varios documentos que apoyan y amplían las narraciones, proporcionando detalles como descripciones, títulos de piezas y espacios donde se realizaron. Revisé alrededor de doscientos documentos entre flyers, manuscritos, publicaciones, fotografías, etcétera.

Café con Josefina

Me reuní con Josefina Alcázar en la cafetería de la librería del Fondo de Cultura Económica Octavio Paz. Placticamos sobre cómo comenzó a investigar el performance en México, sobre la diversidad de la práctica en el país y de algunas dificultades de su investigación. Me regaló El Mexterminator y me encomendó la tarea de insertar Arte-Acción y Performance en los muchos Méxicos en alguna biblioteca en Tijuana.

Juan José no contestó

Intenté sin éxito contactar a la Fundación Gurrola con la finalidad de verificar si cuentan con material de registro de la presentación de  Mickey Mouse Blues de Juan José en el Río Rita en Tijuana en 1992.

Lo inabarcable

La información se sigue ampliando y el reto de articular una narrativa de la historia del performance en Tijuana parece cada vez más complejo. Mirilla y tijeras, dijera Josefina.