El Performance no tiene fronteras. Si quieres hacer un Tijuana Performance Exhibition, nace muerto.

Juan José Gurrola

¡Eureka! (2005)

Al escribir el proyecto por primera vez, sintiéndome muy listo, creí haber resuelto el dilema que implica definir una práctica artística desde su geografía. Mi solución fue utilizar la preposición “en” que, según yo, esclarece de manera completa que la práctica de performance a estudiar (piezas, performers, procesos educativos y de profesionalización, espacios de exhibición y reflexión) será aquella que ha sucedido dentro de los límites de la ciudad de Tijuana. Había burlado la calidad de posesión que “de” implica, cambiándola por la acción de “estar en”. Así, previendo que Tijuana es una ciudad de migrantes y “de paso”, no importaría la nacionalidad de los agentes, su tiempo de residencia, su escuela, extirpe o estatus legal. Sin embargo, no contaba con que Tijuana no es sólo un espacio de tránsito ni una ciudad construida con la presencia de personas de todas partes, sino que su territorio no es fijo. Esa misma capacidad del suelo tijuanense de integrar a los que llegan, es una cualidad extensiva de aquellos que nacidos en su tierra, se mueven. El asunto se complica. Así como la investigación acepta las manifestaciones de peregrinos en los confines de la ciudad, se vuelve necesario acepte las manifestaciones de ciudadanos que por haber nacido o crecido en Tijuana, viven en un vaivén, en un territorio que Gerardo Navarro llama “Tijuandiego” (contracción de Tijuana + San Diego CA). Guillermo Gómez Peña escribe sobre el performance como “peregrinación binacional”, describiendo que durante su estancia en EEUU, en la década de los ochenta, iba de San Diego a Tijuana como viajar en el tiempo, por los contrastes entre las dos ciudades. Se vuelve imperativo concebir un terreno extendido. Más que un territorio, una red afectiva que pervive la geopolítica. La genealogía del performance en Tijuana no puede surgir de un punto fijo, de unas coordenadas concretas; el performance en Tijuana se origina en los cuerpos en movilidad, explotando su potencia en el flujo de los cuerpos “legales” que participan de la ficción política de la fronterización, que al no ser una amenaza prevista (terrorismo, migración, narcotráfico), sino propssilly costumes, desestabilizan el control y estandarización de los cuerpos a través de lo excéntrico, el cliché y la fiesta.

Gurrola parece acertar en su aseveración “[e]l Performance no tiene fronteras”, no precisamente por la imposibilidad de estudiar una escena desde una delimitación geográfica, sino porque al ser una práctica soportada en los cuerpos, su estabilidad es inconstante, sus relaciones son fluidas y sus documentos constelaciones afectivas.

 

Imagen de Elba Echevarría.